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Mi hijo no sabe jugar

Mi hijo no sabe jugar. El titular no se equivoca.

A ver.

Me siento últimamente como que estamos en vísperas de unas olimpiadas.
De noticias negativas a ver quién da la peor.

Y yo lo único que quiero es escribirte historias que te hagan pensar.

Seguramente con la historia de hoy lo consiga.

Mira.

¿Sabes que el titular de hoy es una búsqueda frecuente en Google?

¿Eres capaz de visualizar un futuro cuando los niños ya no sepan jugar?

Te dejo un par de minutos para que lo pienses.

Y así aprovecho para darte más contenido que puede que te interese.

 

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Empecemos a hurgar.

Mi hijo no sabe jugar

¡Guochinau!

Mira.

Se basa en un estudio reciente.
Es esto, lo marco en cursiva.
En negrita lo que más me impacta.

En pleno siglo XXI, hay niños que no saben jugar.
O al menos no todos están acostumbrados a hacerlo usando la imaginación y recursos naturales como ramas y piedras.

Supongo que lo que quiere decir es que las pantallas han ganado la batalla a los playmobil.

¡Horror!

Y eso no es lo peor.
Tiemblo.
Sudo.

Y es que la tecnología se ha impuesto a las historias alrededor de una hoguera en la naturaleza, a las batallas de piratas en mares revueltos y a los castillos en la arena con héroes y princesas.

Ya. Lo sé. Me dejo llevar por mi educación emocional.

Aunque puede que no sea tan mala la noticia.

Y que los niños sí miren el entorno natural.
Pero solo cuando salen los guochinau.
Como escuché hace poco decir a unos chavales en el cole.

Te explico.

Es un juego gratis de internet que para monetizarlo te sacan anuncios que interrumpen la partida ocupando toda la pantalla animándote a ver algo.

WATCH IT NOW!
En inglés.

Guochinau!
En español.

Y cuando algo es gratis en internet, el producto eres tú.

Cuando ves vídeos de Tik Tok, buscas locales para comer en Google o haces scroll en Instagram, el producto eres tú.

Eres tú y tu atención.
Tú y tu tiempo.
Tú y tus necesidades.

Vale.

Mi hijo no sabe jugar

Ahora bien.

Aunque el estudio me parece altamente llamativo, también es cierto, en defensa de los niños y jóvenes, que ser creativos cuando pasan hasta 20 horas diarias en espacios cerrados y rodeados de pantallas es difícil.

Tu hijo no sabe jugar.

Pues claro.

Si ahora los niños parece que tienen horarios de ministros.

Y mochilas de expedicionarios.

Pues claro no que no saben jugar. Ni pueden.

Muchos van del colegio a casa y de casa a las actividades extraescolares sin tiempo para aburrirse. Ni pensar. Dan ganas de decirles que paren un rato, que salten en los charcos y que se manchen las manos de barro.

Sí, dan ganas. Pero esto no ocurre nunca.

La mayoría de los jóvenes actuales apenas han tenido experiencias en la naturaleza. Seguramente por la sobrecarga de deberes y actividades extraescolares, quizás los horarios milimetrados y la precaria gestión del tiempo libre, o el ritmo de vida de las grandes ciudades y el escaso tiempo de los padres para realizar actividades en el exterior en conjunto.

Pues bien.

Todo esto tiene un nombre.

Se llama déficit de contacto con la naturaleza.

Mi hijo no sabe jugar

Déficit de contacto con la naturaleza

Y, además, tiene consecuencias para los chavales.

Entre ellas, la disminución del uso de los sentidos, los problemas de atención, mayor riesgo de padecer déficit de vitamina D por la falta de luz solar, problemas de obesidad, y un factor determinante para sufrir dolencias cardiovasculares, miopía, falta de autoestima, autoconfianza y resolución de problemas.

Todo tiene un porqué. O varios.

Uno es que los niños de hoy disponen de menos tiempo para jugar al aire libre que sus padres cuando tenían su edad. No prestamos de la misma manera nuestra atención. Solo uno de cada cuatro menores juegan a diario al aire libre. En la generación de sus progenitores, sin embargo, eran tres de cada cuatro.

De hecho.

Más del 90% de los menores españoles tienen sus ratos de ocio principalmente en el interior, de acuerdo a los datos del Instituto Tecnológico de Producto Infantil y Ocio.

Y lo de estar siempre en la misma habitación no es bueno. Que las habitaciones llenas de juguetes ayudan a jugar en solitario, y también es beneficioso, pero hay que buscar el equilibrio para que no solo dependan de jugar solos.

Y pasen  a ser otro tipo de niños.

Ni mejores ni peores. Todo reside en los hábitos que cogen, en que los adultos a veces no somos conscientes que también fuimos niños y de que jugar en la naturaleza es importante para nuestros pequeños.

Mira.

El periodista y escritor Richard Louv lo plasma perfectamente en las páginas de su libro, El último niño de los bosques: salvar a nuestros niños del trastorno por déficit de naturaleza.

 

El último niño de los bosques

Como si fueran los últimos niños de la partida.

Y es que los datos son muy relevantes.

Los menores pasan de media cuatro horas diarias conectados a una pantalla fuera de las aulas, un total de 1.460 horas al año, es decir, la mitad del tiempo que se debería dedicar a dormir.

Pero si utilizaran esas pantallas de otra manera este dato no sería tan significativo.

Por ejemplo, utilizando el móvil para buscar el nombre de un insecto o de una planta que te cruces por el camino, o para buscar los sitios naturales más visitados de su provincia.

Ya. Lo sé.

El cambio no se obtiene de un día para otro, como todas las cosas importantes en la vida requieren su tiempo. Pero es impresionante verlos jugar cuando ya son capaces de disfrutar de la naturaleza y dejan de ser tan cuadriculados.

Cuando los pequeños empiezan a escalar en los árboles van poco a poco hasta que finalmente ganan la fuerza y la destreza necesarias, para mejorar su experiencia y aprender a tomar decisiones de manera más natural.

En el camino, trabajan el ser más consecuentes con los riesgos que toman y empiezan a ser conscientes y aprenden los valores del respeto y del cuidado del medioambiente y, a su vez, trabajan su curiosidad.

Y desarrollan de esta manera funcionalidades básicas y características de la vida.

Por eso los expertos recomiendan al menos una hora diaria de contacto con la naturaleza y animan a organizar escapadas al campo en familia los fines de semana. Y en todas las épocas del año.

Son actividades absolutamente esenciales para nuestros pequeños.

De verdad. No es tan necesario el montón de juguetes para que estén entretenidos.

Resumo y cierro.

Mi hijo no sabe jugar

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Hoy en día, las posibilidades son infinitas.

Y una posibilidad es que los últimos niños ganen la batalla final a los piratas.

Que aprender a jugar sea lo de antes, lo de ser niños de verdad.

De ahí que..

Nada más que añadir.

Que reclames.

Acampar en el jardín, andar en bicicleta por el bosque, trepar a los árboles…

Que exijas.

Mojarte bajo la lluvia en una caminata, recoger flores silvestres, correr entre pilas de hojas de otoño…

Que des y recibas.

MÁS AVENTURA Y NATURALEZA

La partida aún no está perdida.

 

Esto es todo. Feliz día.

Historias que inspiran… y enseñan.

Te volveré a escribir.
IG: @fer_alma_aventurera

 

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