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Momo, el precursor del ocio y el tiempo libre

Una queja común que tenemos, y seguro que tú lo has repetido más de una vez es esa de:

Es que no tengo tiempo

Siento meterme contigo. Pero es así.

Mira.

Recuerdo cuando mi madre tenía fe en que recogiera siempre mi cuarto, que estaba hecho una leonera. Así me lo decía, leonera.

Yo la calmaba: Es que no tengo tiempo, mamá. Ya lo haré.

Me iba a la pachanga de fútbol de rigor, me tomaba esas dos cervezas, el pádel de la semana, un poco de fiestuki… y ale…. si es que no tenía tiempo. Lo puedes comprobar…

Sobre esto vamos a tratar hoy.

Pero antes de seguir, puede que esto también sea de tu interés.

 

Subiendo Epaña es mi primer libro. Descarga una muestra

Y al final del artículo, la Adventureletter, historias que inspiran y enseñan.

 

Empecemos a hurgar.

momo

Gestión del tiempo

Esto es interesante.

Te va aportar mucho valor.

Leí hace poco un cosita de productividad, el típico artículo del gurú de turno.

Insistía en este foco: El tiempo no se puede gestionar, solo puedes controlar donde pones tu atención.

Parece como que no dice nada, pero esta idea es potente de narices.

A ver.

 

El tiempo pasa para todos. Da igual la pasta que tengas. Es implacable.

Lo único que puedes decidir es cómo quieres que pase. La gente se queja de no tener tiempo cuando a veces nos perdemos en banalidades. Tenemos que hacer por tener más tiempo.

Yo utilizo UN TRUCO MENTAL.

 

Lo que hago es ponerme como una especie de precio por hora en todas las tareas que realice durante el día. Salvo las que no estén a mi alcance tomar decisión alguna, es decir, las laborales, las obligatorias. Las horas del sí o sí no se podían negociar.

Pero recuerda que es un tema de motivación, mental.

Realmente no vas a ver un euro por ello.

Es por si me estuviera explicando mal y luego me reclamas dinero.

Continúo.

 

Si solucionar un problema o realizar esa tarea me lleva mucho más que el precio por ahora, y es prescindible: lo ignoro.

Si hacer cualquier tarea me hace perder muchas horas, días o meses, y es necesario: Delego ese tiempo que yo voy a perder. Aunque delegar estadísticamente sea pagar.

Porque no es lo que pierdes, sino lo que dejas de ganar.

 

Te digo una cosa.

La consecuencia a largo plazo de lo que vamos a tratar hoy, si lo aplicas, te va acercar un poquito más a la felicidad.

Y si quieres complementarlo con una lección de productividad con los hielos de un cubata, puedes leer mi artículo, tu cabeza dará vueltas.

Venga,

Vayamos ahora a menear el arbolito….

 

El precio del tiempo

El tiempo es un bien insustituible.
Hay que fijar prioridades.
Y saber por adelantado lo que quieres hacer. Y lo que tienes que hacer.

Porque si tienes que pensarlo antes es más fácil que flojees.

Por eso la gente se apunta al gimnasio cuando podría entrenar en cualquier sitio comprando cuatros cacharros de fuerza y unos cuantos vídeos youtube. Si no se apuntan, no lo harían. Y aún así, suelen abandonar.

Hay que tener la decisión tomada por adelantado.
Y creértelo de verdad.

Si lo que te apetece es ir a la montaña todos los sábados. Vete a la montaña todos los sábados. Pero digo todos.
Lo que quieres es hacer un viaje de aventura a Islandia, pues vete de aventura.
Pues si deseas salir más a la naturaleza, hazlo. Pero hazlo. Nunca es tarde. Perdón. Nunca no.

 

Date cuenta que el tiempo es lo más preciado que tenemos, después de la salud.

Y no puedes venderlo a cualquier precio y a cualquier persona.

 

A ver.

 

¿Sabes cuál que es el recurso que menos utiliza la gente para sentirse mejor?

LA NATURALEZA.

 

El mero hecho de pasar más tiempo en el exterior influye positivamente en TODO.

Alucinante.

Maravilloso.

Fascinante.

Y es que no tengo tiempo ya no sirve.
Y que seas más de ciudad que una farola tampoco.

A ver…

Solo existen dos formas para que alguien haga algo: obligarlo o conseguir que quiera hacerlo. Yo intento que salgas ahí fuera, a la naturaleza. No que lo hagas, sino que quieras hacerlo.

Y ojito, que ya te queda menos tiempo para ver cosas como esta, un amanecer en el Pirineo.

Momo y Gestión del tiempo

Momo

Y que se lo digan a Momo.
Que de esto sabe más que nosotros.

El personaje de Michael Ende.
Sin duda, un precursor del ocio y del tiempo libre.

Fíjate la sinopsis de este libro que data de 1973.

 

La llegada de los hombres grises va a cambiar su vida. La de Momo, que es una niña. Estos hombres, hoy se llamaría gente tóxica, prometen que ahorrar tiempo es lo mejor que se puede hacer, porque pronto nadie va a tener tiempo para nada. Así que compran tiempo, y hacen que lo demás lo vendan. Todos caen en el engaño. Pero a Momo, que sabe de esto más que los ratones colorados, no se la dan con queso.

 

No hago más spoiler.
Merece la pena que lo leas.

Solo rescato un extracto para este artículo.
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.
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Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana.
todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella.
Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas.

Esta cosa es el tiempo.

Hay calendario y relojes para medirlo.
Pero eso significa poco porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante.

Depende de lo que hagamos durante esa hora.

 

Como curiosidad, Momo se subtituló como Los caballeros de gris o Los hombres de gris.

Y que su amiga es Casiopea, la tortuga, con la que se comunica a través de los mensajes que aparecen iluminados en su caparazón.

Hasta aquí de darte datos de este magistral libro.

 

Viajar ligero

De donde se desprende que hay que ponerse en marcha antes de la llegada de lo grises.

Antes de que se ponga el sol.

Y disfrutarlo.

Porque a veces cuanto más tiempo ahorra una persona menos tiene.

Ya hemos visto que el tiempo es relativo. Y no lo digo yo solo, lo dice Momo.

 

Ni macuto grande, ni estar dos días preparando maletas, ni pajas mentales.

Nada de eso.

La objeción principal es quedarse en casa, y ahí es donde para el tiempo tú eres un blanco fácil. Porque el tiempo pasa y no necesitar ni actuar. Tú solo lo estás haciendo.

Las personas móviles son más difíciles de alcanzar por el tiempo.

Si te quedas en la misma calle, en el mismo barrio, en el mismo bar, con el mismo trabajo… el tirador, que es el tiempo, y por tanto el destino, dispondrá de más facilidades para afinar su puntería. Trabaja los desplazamientos rápidos y frecuentes, y hacerlo con maletas enormes es imposible. Una hazaña.

Si solo nos fijamos en el tiempo  como nos lo quieren vender, seremos un objetivo fácil.

Seguro que si yo escribo un lunes no lo hago igual que un viernes. ¿Por qué?

Mira.

 

Sándor Ferenczi publicó un artículo sobre la neurosis del domingo donde se refiere a pacientes con síntomas recurrentes: de la exaltación del viernes a la depresión subsiguiente del domingo por la noche. Es una métrica habitual en el ciudadano de Occidente.

Este psiquiatra húngaro se marchó a vivir a El Cairo. Allí, de repente, el domingo era viernes, el día sagrado del islam. Y en Tel Aviv, el viernes sería el sábado, día sagrado del judaísmo.

Donde quiere llegar a parar es que los gobiernos utilizan el calendario como instrumento de poder, ya que el mayor poder es el control del tiempo.

Son los hombres grises de Momo.

Sin embargo, las divisiones en años, meses, semanas o días son solo subdivisiones que no existen en la naturaleza porque el tiempo, simplemente, fluye.

Otro.

No sé si conoces a Gabriele Romagnoli.

Es el autor del libro Viajar ligero.

 

Este tipo se marchó a Corea del Sur para asistir a su funeral. En el país con la tasa de suicidios más alta del mundo, hay una empresa que tiene como servicio acudir a tu propio funeral y meterte en un ataúd. E incluye todos los pasos que conlleva el fatal desenlace de una persona en vida.

Eso es, como si hubieras muerto, pues sentirlo pero vivo.

El objetivo es que la persona banalice el sentido de la vida.

No sé si lo consiguen o no, pero que te hace pensar es una certeza.

Pues bien.

Antes de meterle en la caja de madera, le  muestran en un proyector cómo entrevistan a 100 personas que han vivido más de 80 años. De media, han pasado sus vidas de este modo:

23 años durmiendo.

20 trabajando.

6 comiendo.

5 bebiendo y fumando.

Y otros 5 esperando a alguien.

4 pensando.

228 días lavándose la cara y los dientes.

26 jugando con los hijos.

18 haciéndose el nudo de las corbatas.

(puede que no sepan hacérselo, porque mucho tiempo me parece)

Y por último, 46 horas de felicidad.

Sí.

46 HORAS DE FELICIDAD.

 

P.D. Recuerda que en este caso, estás a punto de morir, y ya no dispones de tiempo para cambiar nada.

¿Ha quedado claro el mensaje de hoy?

Antes de que los hombres grises vengan a por ti, conviértete en Momo. Y disfruta el tiempo que te ha concedido la vida.

Porque el Tiempo es Vida.



[Y el es-que-no-tengo-tiempo lo contrario]

Esto es todo. Feliz día.

Te volveré a escribir.

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