Compruébalo tú mismo

En términos de aventura y naturaleza, un ejemplo.

La ruta del Cares es un recorrido muy conocido en Asturias, y en toda España, al ser una senda encajonada entre la montaña y el barranco. Por su belleza. Y también por la acumulación de turistas que encaran el reto muy a lo loco.

No es que sea una ruta extrema, pero tiene algunos pasos más estrechos. Pero vamos, que son anchos. Hasta aquí no debería haber ningún problema. Bueno, sí. Los 24 kms que salen si lo haces de ida y vuelta.

El peligro está en la diversidad de turistas y el circo que se monta. Los que se acercan mucho al borde para ver el río Cares. Algunos incluso hasta se caen con sus zapas, sus tacones de la gran vía o persiguiendo al perro que se escapó en el mundo de faunia. Y no es broma.

Podría redactar un artículo al respecto y posicionarlo en la primera página de búsquedas de Google. No sería complicado. Y no te ibas a aburrir, te lo aseguro.

Esto sería REDACCIÓN SEO.

Seguimos.

flecha naranja

A pesar de estos mensajes, «el Cares se vende como turístico, pero no es para todos». Siempre aparece quien busca algún like de reconocimiento en su selfie dominguero, y se despeña en el intento. Fin de las vacaciones. Adiós. Finito.

El Cares, como lugar de avistamiento de personajes en peligro de extinción no está explotado. Da para una serie, a veces de humor, en otras ocasiones tragicomedia.

 

Ahora viene el plato fuerte. Lee esto.

En esta ruta espectacular de los Picos de Europa, que une los pueblos de Caín (León) y Poncebos (Asturias), un turista, yo diría un iluminado, en 2013 quiso hacer la ruta en bici. Y los carteles señalan que esa actividad en ese lugar está prohibida. Aunque no haya carteles, es de cajón.

Este iluminado tenía mucha imaginación.

Sabía que por el día había demasiada gente, así que “¡Eureka! tengo resuelto este caso. Hago la ruta de noche”. ¡Toma ya! Doble ración de imaginación. En bici y de noche. Pues nada.

El iluminado entró con su habitáculo de dos ruedas por el lado de Caín, dispuesto a ser el primero en no sé qué, y a disfrutar de no sé qué. Pues ya sabrás que disfrutó poco.

El iluminado se cayó. ¡Oh, vaya sorpresa!

A los 2 kms tropezó con una piedra precipitándose 40 metros por un bello acantilado hacia un río que le esperaba. El Cares.

La acción del GREIM, el Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña, con helicóptero incluido, duró hasta las 5 de la mañana.

Al menos fue el primero en una cosa. No en hacer la ruta en bici. El pionero en Asturias en cargarle un rescate, algo más de 2.000 euros.

Esto sería STORYTELLING.

Pero no te creas que la estupidez humana es exclusiva de España. Parece ser que en el Cañón del Colorado se precipita uno cada cien mil visitantes. Tenemos un club de iluminados a nivel mundial.

Todos los años se caen más de 50 personas, y eso no lo he calculado yo. Es que tienen estadísticas y todo.

Bajan por hacerse una super foto de mega aventurero atrevido, y pueden pasar cosas de este nivel.

Uno de ellos gastó una broma como que «Ay que me caigo, ay que me caigo, jiji jaja»

Qué pasó. Que se cayó. En fin.

Despeñarse no es el único riesgo, muchos se deshidratan o se lesionan por no ir con material adecuado.

Vamos. Que toda la ruta está llena de avisos a los que la gente no hace mucho caso, salvo uno.

Fíjate:

 
 

En South Rim, la orilla sur del cañón, hay un cartel enorme que siempre capta miradas.

En él aparece la historia de Margaret Bradley, una atleta de 24 años que pocas semanas después de finalizar la maratón de Boston fue a hacer una ruta por el cañón.

Fue sin mapa y sin agua suficiente, y murió deshidratada.

Esa historia funciona mejor que cualquier cartel de aviso porque crea en la cabeza de la gente una imagen real. Entra en la cabeza de quien esté leyendo.

Y consigue una reacción en la persona:

Como no haga caso, esto puede pasarme a mí también

Esto sí sería COPYWRITING.

Los avisos no calan, el copywriting sí. Y las historias son parte del copywriting.

Y si te llegan por correo electrónico, sería EMAIL MARKETING.

Y con esto cierro el círculo.

Estamos tan expuestos a avisos, prohibiciones, mensajes, que hemos desarrollado una especie de ceguera a ellos. Piensa en la última vez que te subiste a un avión y atendiste a las indicaciones.

La mejor (y casi única) manera de penetrar ese caparazón es a través de las historias y del copywriting.

Si lo usas bien, te hacen caso. Para lo que sea. Para lo que quieras.

Si quieres. no lo uses. Tíralo. Pasar desapercibido.

Y aquí el call to action.

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